Me gusta esa secuencia de Nochevieja con el vals de las velas en “El año que vivimos peligrosamente”.

Todas las Nocheviejas que han sido, son y serán, se parecen en algo.

Como las revoluciones, como las transiciones, en sus horas festivas, en sus celebraciones, en sus fuegos de artificio, en sus serpentinas, en su vals de las velas, en sus deseos de abandonar lo antiguo y abrazar lo nuevo, siempre hay lo mismo: una música interna, un movimiento perpetuo.

En definitiva: la VIDA.