No sé a dónde irá Europa, pero sí sé dónde estuvo, y dónde debería ir.

Nada, en ninguna parte del mundo, puede sustituir sus bibliotecas repletas de antiguos volúmenes. Nada, en ninguna parte del  mundo, puede sustituir la frescura de su aire cuando termina el otoño y empieza el invierno. Nada, en ninguna parte del mundo, puede sustituir la educación de su gente, parando en los pasos de cebra cuando cruzas. Nada, en ninguna parte del mundo, puede sustituir el silencio de hojas caídas de los bulevares, la efectividad de sus servicios públicos donde cruzar una ciudad de punta a punta no es un martirio sino la posibilidad de leer el periódico. Nada, en ninguna parte del mundo, puede sustituir la seguridad y limpieza de sus calles. Nada, en ninguna parte del mundo, puede sustituir el pasado misterioso, elegante y soberbio de sus viejas arquitecturas. Nada, como defender todo eso con determinación y alegría, debería ser objetivo más prioritario para la burocracia de Bruselas.

¡Feliz Año Nuevo, querido viejo continente!