Redactor, Crítica literaria y cinematográfica. Artículos. Reportajes.

Ser escritor es saber volver.

No importa los países que recorras, los mares que surques, las tierras que cabalgues, la experiencia que alcances, los éxitos o fracasos que alumbren tus días.

Creces y te vas haciendo un cascarón, una casa, un castillo, qué más da.

Al final de todo ese camino recorrido solo cuentan, siempre, dos o tres cosas que, siempre, absolutamente siempre, son la savia que corre por las raíces del árbol de tu vida: esa tortilla de patata que te preparó tu abuela la noche que pasó el cometa Halley, la primera vez que subiste con los mayores a ver los nidos de murciélago, el primer coche rojo con el que te lanzaste cuesta abajo a aquel pedazo de yerba que a ti, sin embargo, te parecía una verde pradera.