Me gustaba

 

Me gustaba el bamboleo

de tus tetas jóvenes dislocadas cuando

estabas distraída haciendo cosas

intrascendentes su brillante canalillo

me gustaban tus pies

la huella en los cristales de la planta

de tus pequeños pies descalzos me gustaba

morderte el pelo desnudarte

con violencia de maniquí despojada de su ropa

abarcar en mis manos tus estrechos

tobillos remolonear en tus carnosos muslos blancos

cubiertos por oscuras medias de rejilla

 

me gustaba lamerte absorberte ensuciarte

si la vida era sueño o al menos la vida

que a mí me hubiese gustado vivir a tu lado

¿por qué todo tenía que estar pringado de incertidumbre?

No te tuve nunca demasiada luz afuera

demasiada sombra adentro pero creí que te tenía

y eso me bastaba para seguir adelante

 

me gustabas tan joven tan inexperta tan al principio de todo

en ti se veían los arquitrabes todos del amor

cada mujer es distinta pero cada mujer contiene

todas las mujeres todos los precipicios y rosas

que una mujer madura esconde en el maquillaje

los ingredientes secretos todos del guiso delicioso

de la feminidad

 

me gustaba mi vida contigo

aunque se convirtió en mosca atrapada en vaso vuelto

en alpinista con mal de altura en

payaso de tela al que se le ven los agujeros

de espuma en las entrañas me gustabas

pero no te amaba o sí te amaba porque el amor

no siempre es sano

 

me gustaba morder tus labios pintados

del color de las granadas abiertas verte caminar

con el pelo recogido en coletas bien tirantes

 

me gustaba despertarte despacio al deseo

aquel cortejo desbaratar tu ropa desordenar tu cabello

adivinar en tu pupila recental dilatada

la esencia de todo lo tácito que luego desplegarías

cuando emocionalmente reposicionaras

la tela de araña de tu mundo hembra sobre mí

 

me gustaba acariciar el final de tus dedos

bajo aquel cielo gris medio cabrón de Chimbote

que pesaba más que el de Lima

de tu mano caminar sin rumbo detrás

de las bandas de música entre la gente

quieta de las esquinas sucias y las indígenas

que acercaban sus bebés para hacerse fotos

con nosotros y los perros pulgosos cojos

que se colaban bajo las piernas de gigantes

vestidos de payasos y los lisiados con guantes

blancos que se quedaban mirándonos correr bajo

la lluvia hacia el muelle de los barcos quietos

 

me gustaba aquella primera mirada

aquella primera sonrisa

en ellas traías ya en potencia la dinamita del mañana

la flor y la espina.

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